GENTES, COSTUMBRES, TRADICIONES, HISTORIAS, FOLCLORE, PATRIMONIOS Y PAISAJES DE LA PROVINCIAS DE VALENCIA, CASTELLÓN, TERUEL, ZARAGOZA, TARRAGONA:
EN HOMENAJE A MI TIERRA Y A MI PAÍS....
Por: JUAN E. PRADES BEL, autor de los proyectos: "RECORDAR TAMBIÉN ES VIVIR"; "HISTORIAS DEL MAR"; “ESPIGOLANT CULTURA: Taller de historia, memorias, crónicas, patrimonios y humanidades"; y otras historias.
(Proyecto): MISCELÁNEA, EPISODIOS Y DATOS PARA LA HISTORIA DE LA PRIMERA GUERRA CARLISTA 1833-1840. FRENTES DE ARAGÓN, EBRO, MAESTRAZGO Y VALENCIA.
"CARTA DE FERNANDO DE ALCOCER, SOBRE SUS FUNCIONES COMO GOBERNADOR DE MORELLA (1834-1837) EN PLENA GUERRA CIVIL (1833-1840)".
Escribe: JUAN EMILIO PRADES BEL. ("Las historias escritas que me acompañan, me ayudan a pensar, a imaginar, a vivir, y a experimentar un mundo de vidas muy diferentes a la mía". J.E.P.B.).
INTRODUCCIÓN: Explicaciones manuscritas de Fernando de Alcocer, sobre su gestión, hechos y funciones ejercidas en el tiempo en que fue gobernador de Morella (octubre 1834-1837). Episodios de la primera guerra carlista también denominada guerra de los Siete Años, la cual se desarrolló en España entre los años 1833 y 1840.
EXPOSICIÓN DOCUMENTAL:
(Documento 1º, fechado en el año 1838):
La España (Madrid. 1837). Sábado 22/9/1838. COMUNICADO.
Señor Editor del periódico titulado La España. Muy señor mío: Habiendo visto en
el periódico titulado La Verdad, que se publica en Valencia, su fecha 4 de los
corrientes (septiembre de 1838), número 126, un artículo del editor en que se
me acusa horriblemente por la política que observé en la plaza de Morella en el
tiempo que fui su gobernador, he dirigido a la redacción la contestación
siguiente que he de merecer a V., se sirva dar cabida en su apreciable
periódico.— B. L. M. de V. su atento y seguro servidor.— Fernando de Alcocer.
- Señor Editor del periódico titulado La Verdad.= Muy
señor mío: en el diario que V. publica en esa ciudad de Valencia, su fecha 4 de
los corrientes, marcado con el número 126, vi un artículo sobre Morella, y en
su último aparte leí estas palabras: “una política mal entendida, observada por
uno de los gobernadores que tuvimos en aquella ciudad cuando era nuestra,
sembró el terror por todo el Maestrazgo, e hizo creer a sus fascinados
moradores, que la causa de la Reina era una causa de sangre, y que la justicia
y la libertad que proclamamos eran nombres vanos que nada significan en
nuestros labios”.
- No me fue difícil conocer, señor editor, que el
gobernador a que aludía el articulo era precisamente yo, en cuyo juicio no podía
equivocarme, sabiendo que tengo muchos y entre ellos tenaces enemigos
pronunciados desde el principio de mi mando en octubre de 1834, y a resultas
del descubrimiento y castigo de la conspiración que sofoqué en octubre de 1836;
pero el modo innoble de zaherirme me determinó a despreciar su acusación, hasta
que habiéndome defendido un antiguo y digno veterano descubrió V. un poco su
embozo y me provoco a que dijese algo contra esa sucia verdad que V. manosea.
- Hablaré pues de Morella lo que baste por ahora a
mi propósito, lo preciso y no más para corroborar la opinión que ya el público
tiene formada de las peligrosas doctrinas que ha estampado V. en su periódico,
y por las que ha sufrido la refutación lógica de dos folletos, a los cuales ha
balbuceado una miserable defensa que ha excitado a la vez el desprecio y la
risa de sus lectores.
- Entro pues en materia con el conocimiento de estos
precedentes: el público juzgará de lo que voy a decir. Notorio es y consta
históricamente para su baldón que fue Morella el primer pueblo de la Península
que lanzó el grito de rebelión en 1833; el primero que se armó del puñal
parricida para restablecer la tiranía y la inquisición; el primero que
escandalizó y excitó a que otros emprendieran igual sacudimiento en otros
puntos; el primero que ejercitó las armas nacionales para someterlo a la
legitimidad; el primero que fue sometido al benévolo impulso del cañón; pero
nunca reconoció su abominable delito, y siempre fanático y feroz conservó ilesa
su criminal opinión.
- Cuando me encargué del mando del Morella, me
constaba que los facciosos tenían inteligencias dentro de la villa, sin que
nadie pudiese evitarlo, pues cosa difícil fuera teniendo varios cabecillas de aquel
pueblo al frente de los rebeldes: por esto en el primer ayuntamiento que
presidí, deseoso de evitar castigos, manifesté explícitamente mi programa: «no
vengo a tiranizar, dije: amo la paz y el orden, públicos son los males que ha
producido ya este pueblo a la causa de nuestra excelsa Reina Doña Isabel II, y
reprimiré con mano fuerte el más pequeño conato a reproducirlos. Si por
desgracia el pueblo diese entrada a la facción traidoramente dentro de sus muros,
tenga entendido que en el espacio de 24 horas lo dejaré raso como la palma de
la mano.»
- Este fue al origen de mis primeros enemigos, esta
fue la voz de alarma para los facciosos públicos y encubiertos, y los carlistas
con gorros encarnados principiaron contra mí una guerra cruel y desapiadada: ¡Qué
de representaciones no hicieron, qué de maldades no inventaron; qué de
acusaciones calumniosas no circularon por todas partes ! Nada omitieron, y
fueron acogidas algunas por el gobierno, que pidió informes reservados a quien
tuvo por conveniente, sin que yo supiese tales disposiciones hasta mucho después
de terminadas, y esto por algunos amigos de la corte.
- No, señor editor, no me importan sus documentos
oficiales yo también los tengo: esa bravata que V. estampa en su Diario del 14
no puede producir efecto alguno ni en mi ánimo ni en el de los patriotas que me
conocen: esas son las armas del carlismo puro y cobarde, la calumnia; y lo son
también de aquellos que torpemente ignorantes o demasiado candorosos, dejándose
alucinar por los malvados con las bellas frases de patria y libertad, corren
como victimas a! sacrificio conducidos por sus infames seductores para
ofrecerlos en holocausto en las aras del feroz despotismo, como sucedió con igual
perfidia en 1823.
- Si yo ejercí una mal entendida política en
Morella, como afirma V., señor editor, ahí están públicos y patentes los
resultados; ellos hablan con una elocuencia Ihn poderosa que no es V. bastante
para desvirtuar con sus sofismas , y me defienden ente la opinión pública.
- Mi política mantuvo en la nulidad las facciones
del Maestrazgo después de la brillante persecución que les hizo el Excmo. Sr. capitán
general don Gerónimo Valdés en los últimos meses de 1834. Mi política fue la
que cambió favorablemente la opinión pública, habiendo pedido guarnición y
casa-fuerte los pueblos de Chiva, Ortells, Forcall, La Mata, Portell, Ares,
etc. en principios de 1835. Mi política fue la que proporcionó los más eficaces
auxilios a las columnas móviles que operaban en el Maestrazgo, y algunas veces
también a las del Bajo Aragón. Mi política fue la que facilitó las más seguras
noticias a los jefes militares de las operaciones de los rebeldes, las cuales
produjeron ventajosos resultados: el Excmo. Sr. D. Juan Palarea, que se halla actualmente
en esta plaza, donde escribo esta refutación, es uno de los testigos de esta
verdad en el tiempo de su activa y gloriosa campaña de Aragón y Valencia.
- La brillante sorpresa de Monroyo, la más
importante y completa que pudo hacerse en aquel terreno subyugado a la facción,
fue preparada por mis prontos y seguros avisos, de que se aprovechó con tanta
rapidez como habilidad este dignísimo general.
- Mi política presagió lo que debía temerse de Cabrera
cuando tomó el mando de la facción por abril de 1835, expresándolo de oficio en
estos términos: "Murió Carnicer y le ha reemplazado Cabrera; V. S. está
enterado de la acción que el comandante general acaba de tener con este osado
campeón del carlismo: en ella hemos perdido un bizarro oficial, y el comandante
general ha estado muy cerca de sufrir igual suerte. Siete horas de retirada en
orden, un fuego horroroso y bien sostenido pueden hacer presentir a V. S. lo
que será capaz de emprender este fanático tonsurado". Esta fue la previsión de
mi política, y ella propuso al mismo tiempo los medios de inutilizar su
actividad y sus esfuerzos, que no fueron atendidos.
- Mi política paralizó los progresos de la facción
hasta principios de agosto del mismo año en que Cabrera se apoderó como por
encanto de más de cincuenta pueblos, la mayor parte fortificados. Mi política
siguió paso a paso la conspiración de Morella desde mayo de 1835 hasta octubre
de 1836, cuyo escándalo quise evitar señalando el medio en repetidas
comunicaciones oficiales: La sorprendí en el momento de estallar, y me inhibí
del conocimiento de la causa para dejar a los conspiradores en la favorable
situación de acusarme por mis actos: en Valencia esta la causa, ó sí no está,
varios la han visto digan si alguno me acusó.
- Mi política, en fin, impidió que ondeara en los
muros de Morella el ominoso pendón de Carlos V, en una época en que los rebeldes
estaban en su mayor prosperidad, y cuando las consecuencias de su triunfo
habrían conmovido hasta los cimientos el edificio social con todos sus funestos
resultados.
- Esta ha sido mi política en dos años, cuatro meses y quince días que S. M. me tuvo confiada la plaza de Morella, clave importante de tres reinos que en otro tiempo formaron la mejor y más rica parte de la corona de Aragón. Si esto no es exacto ahí están las tropas y los dignos caudillos que las mandaron; ahí están desde el general Valdés hasta el brigadier Sequera, cuantos han regido el reino de Valencia y el ejército del centro: ¡ahí está viva la comparación de mi política y sus resultados! No, no soy yo ni lo seré nunca el responsable de la heroica sangre que se derrama, ni de los millones que se consumen para recuperar a Morella; no se acusará a mi política de haber suscitado este funesto revés a mi patria agobiada con los quebrantos de una guerra tan desastrosa. ¿Qué es pues lo que deseaba V., señor editor del periódico la Verdad? ¿Qué hubiese entregado Morella a don Carlos? ¡Ah, eso no ! Alcocer no pertenece a la raza de los traidores, de esos monstruos que, abrigados bajo el escudo y la protección de la ley, la mutilan, la destrozan y la vilipendian aparentando defenderla y acatarla.
- Si mi política fue mal entendida; si sembré el
terror por el Maestrazgo si hice creer a sus fascinados moradores que la causa
de la Reina era una causa de sangre, responda por mí el yerto cadáver del
honrado, benemérito y malogrado coronel Portillo, mi sucesor; su bondad
comprometió su honor y su existencia; su noble confianza, usada con viles
traidores, le hizo perder la plaza; yo, menos confiado, acaso más conocedor de
la perversa índole de aquellos pérfidos habitantes, la sostuve contra repetidas
maquinaciones, pasándome las noches y los días entre hielos y nieve, solo con
mi ayudante primero don José Agramunt, y después el teniente del franco de
Valencia don Miguel Orozco, sobre las murallas de Morelia, vigilando aquel
precioso depósito que mi Reina había confiado a mi lealtad y pericia.
- Si mi mando fue mando de sangre, públicos son mis
hechos, y ellos desmentirán tan fiera acusación a la faz del mundo. A mi lado y
testigos de mi vida pública y privada fueron los honrados y valientes Agramunt
y Orozco; digan ellos, pues viven, y están en Valencia, digan mi porte, mi
conducta, mis acciones, mis palabras, y aun mis pensamientos; y díganlo y repítanlo
otros no militares residentes y refugiados en mí tiempo dentro de aquellos
muros de maldición: ellos dirán y repetirán lo que ya dijeron de oficio en
reverente exposición, en cuyo contesto se encuentran los trozos siguientes: "Este
benemérito y distinguido patriota desde el momento que tomó el mando de esta
guarnición supo infundir en todos sus habitantes un saludable temor, por medio
del cual contuvo y contiene muchos crímenes, haciéndose temer de los malos, y admirar
por su firme resolución de los buenos.... En cuya época (cuando la invasión de
Cabrera en agosto) ha hecho este gobernador un servicio muy importante a la
patria, manteniendo esta plaza por la Reina, servicio que solo conocemos y
apreciamos los amigos de la verdad.... A la voz patriótica de este jefe muchos
de los pueblos de su gobernación cambiaron enteramente de conducta, y en el
principio del corriente año (1835) con sus eternas solicitudes, estableció en
algunos de ellos la Milicia urbana, y la hubiera establecido en cuasi todos si
afortunadamente las cosas hubieran seguido en el estado lisonjero que aquella
época presentaba.
- Pero ¿a qué me canso en refutar a V., señor editor? Es honrarle mucho detenerme en hacer caso de una flecha traidora lanzada por mano cobarde cuando el grito de la razón y la carta de Angelito a su tío don Eleuterio, ambos folletos provocados por las doctrinas carlistas de V., le han denunciado en mayo último a la opinión pública.
- Sin embargo, concluiré con insertar una comunicación dirigida por el Excmo. Sr. D. Evaristo San Miguel al gobierno de S. M., para que V., señor editor vea como pensaba de mi política aquel dignísimo general: "Excmo. Sr.: He recibido el oficio de V. E. de 8 del actual (diciembre de 1836) en que me comunica la resolución de S. M. relativa a que manifieste las causas que tengo para considerar necesaria la permanencia del coronel Alcocer en el gobierno de la plaza de Morella, si hubiese razones de política que la exigiese.» La conducta, bizarría y actividad del coronel Alcocer en las ocurrencias que últimamente tuvieron lugar en Morella, le hacen acreedor a una ilimitada confianza". A sus virtudes militares y patriotismo se debe el que aquella plaza no hubiese sido probablemente entregada a los enemigos por una horrorosa conspiración. "Sofocada esta felizmente, y castigados los principales agentes en ella, considero que tanto para calmar los ánimos que pudieran hallarse algún tanto conmovidos, cuanto para cortar de raíz hasta el más leve indicio que pudiese tener comunicación con la expresada conspiración, será de la mayor utilidad, y un indispensable, que continúe en el gobierno de la indicada plaza un jefe que inspire una entera confianza por sus virtudes, y que con su carácter y actividad impida toda tentativa de conspiración que pudiera tener lugar. "Sin embargo, habiendo sido nombrado este digno jefe en recompensa de sus méritos comandante general de Salamanca, empleo superior al que desempeña en la actualidad, no es mi ánimo que su permanencia en Morella le perjudique en su carrera, y sí desearía, que si fuese compatible se premiasen sus distinguidos servicios de un modo que pudiese continuar en aquel gobierno, y que V. E. inclinase la piedad de S. M. a fin de que se combinase su ascenso con el mando de un punto tan interesante. "Estas son, Excmo. Sr., las causas que han producido mi comunicación a V. E. en 25 del mes anterior, y las que le ruego eleve a la consideración de S. M., para que en vista de ellas se sirva resolver lo que estime más conveniente a los intereses del trono constitucional.
- Dios guarde a V. E. muchos años. Cuartel general de Zaragoza 20
de diciembre de 1836.= Excelentísimo Sr. Evaristo San Miguel.= Excmo. Sr. Ministro
de la Guerra.»
- Esta misma había sido también la opinión del
vencedor de Molina y de Monroyo el Excmo. Sr. D. Juan Palarea, cuando mandaba
en el Maestrazgo, y esta misma fue la de muchos dignos militares que conocían
mi política.
- Por último, Sr. editor, sí yo hubiese continuado en Morella, tal vez algunos cabecillas, de quienes más confiaba el feroz Cabrera, hubieran abjurado sus errores, y esto se habría debido también a mi política. Me he extendido más de lo que pensaba: basta pues de perder un tiempo precioso que debo dedicar a objetos de mayor interés.
- A Dios, Sr. editor: entre el carlismo y yo, entre los impíos parricidas que desgarran las entrañas de la madre patria, sembrando la discordia para dar triunfos al Pretendiente, y mi firme y constante lealtad a mi Reina y a la Constitución de 1837, habrá siempre un muro de diamante que nos separe hasta la eternidad. Málaga 28 de agosto de 1838.— El comandante general, Fernando de Alcocer.
ADDENDA: ADICIONES Y COMPLEMENTOS SOBRE LAS TEMÁTICAS Y MOTIVOS REFERIDOS EN EL ARTÍCULO. (POR JUAN EMILIO PRADES):
BIBLIOGRAFIA, WEBGRAFÍA Y FUENTES DOCUMENTALES:
(Proyecto): "ESENCIAS Y FILOSOFIA DE UNA VIDA TRANQUILA, RUTAS, PUEBLOS, NATURALEZA, SILENCIOS DE PAZ,...".
ARCHIVO FOTO-IMAGEN: MORELLA
Fotografías cedidas por J. E. Prades Bel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario