GENTES, COSTUMBRES, TRADICIONES, HISTORIAS, FOLCLORE, PATRIMONIOS Y PAISAJES DE LAS PROVINCIAS DE ESPAÑA:
EN HOMENAJE A MI TIERRA Y A MI PAÍS....
Por: JUAN E. PRADES BEL, autor de los proyectos: "Crónicas históricas"; "Recordar también es vivir"; "Historias del Mar"; “Espigolant cultura: Taller de historia, memorias, crónicas, patrimonios y humanidades"; y otras historias.
"CRÓNICAS HISTÓRICAS, AÑO 1809, JUNIO: NOTICIAS DE LA GUERRA NAPOLEÓNICA EN EL CAMPO DE BELCHITE".
Escribe: JUAN EMILIO PRADES BEL. ("Las historias escritas que me acompañan, me ayudan a pensar, a imaginar, a vivir, y a experimentar un mundo de vidas muy diferentes a la mía". J.E.P.B.).
INTRODUCCIÓN: Episodios de la Guerra de la Independencia Española (1808–1814). Acciones y combates en los pueblos del Campo de Belchite. Noticias de Belchite, junio del año 1809.
RELACIÓN DE POBLACIONES Y LUGARES CITADOS EN ESTE ARTÍCULO:
EXPOSICIÓN DOCUMENTAL: AÑO 1809.
(Documento 1º, hechos fechados en junio del año 1809):
- GAZETA DEL GOBIERNO (Sevilla). 3/7/1809. GACETA
EXTRAORDINARIA DEL GOBIERNO, del lunes 3 de julio de 1809. Sevilla. Parte del
General D. Joaquín Blake.= Excelentísimo Señor.= Dirigí a V. E. con fecha de 18
de junio desde Calanda una representación a S. M., en la cual le participaba el
desgraciado suceso de la acción de Belchite, advirtiéndole al mismo tiempo no serle
posible a mi espíritu, oprimido con el peso de la desgracia, ocuparse de los
detalles de aquel funesto acontecimiento.
- Aunque no es fácil que jamás olvide la anarquía y
consecuencias que pueden originarse de esta derrota, que ni la Nación, ni yo,
ni los buenos oficiales del ejército debieron jamás esperar, sin embargo, me ha
parecido absolutamente indispensable el enterar a V. E. para que lo haga a S.
M. no del por menor de una acción que no llego a haber, sino para manifestar lo
increíble de lo sucedido.
- En el parte comunicado a V. E. en 17 del
corriente le dije nuestra situación, y que estaba confiado en que, si el
enemigo que teníamos al frente nos atacaba, esperaba que sería rechazado. La
fortuna pudo sernos contraria hasta el punto de ser vencidos; pero jamás debía
esperar que la tropa de mi mando huyera sin pelear, y que a pocos tiros de artillería
dejara abandonada una posición en la cual jamás debió temer a la caballería, ni
a ninguna de aquellas ventajas que alguna vez han infundido en los ejércitos un
terror pánico que los ha hecho huir sin saber por qué.
- Belchite está situado en el pendiente de unas alturas
que casi lo rodean, tomando su principio desde el camino de Zeyla; así es que
para entrar en el pueblo hay una bajada que principia en un punto que llaman el
Calvario.
- Dichas alturas siguen costeando el camino que va a
Fuendetodos, y pasa por bajo de una colina avanzada a las demás, donde está la
ermita del Pueyo; por el frente y avenidas de Zaragoza es un país llano, cubierto
de huertas y olivares, sin más desigualdades que unas pequeñas lomas por donde
atraviesa el camino de la Puebla de Albortón, distante poco más de una legua de
Belchite.
- Las alturas por donde pasa el indicado camino de
Fuendetodos empiezan desde el mismo Belchite en la ermita de Santa Barbara, en
cuyos alrededores se hallan muchos parajes, y dos grandes edificios para recoger
los ganados. Estos edificios y ermita eran el flanco derecho de nuestra posición,
a cuyo efecto se atrincheraron todos.
- Por el frente, e izquierda, seguimos ……..por la cordillera
de lomas con algunas quiebras, y finalmente por la espalda corría una acequia
que va a parar a la huerta, pasando por entre la altura del Calvario y pueblo.
- Las tropas que estaban en el emplazamiento de la
ermita de Santa Bárbara y pajares expresados, no podían ser absolutamente
atacadas por caballería.
- El centro tampoco podía serlo sin exponerse a fuegos
abundantes y cruzados.
- Los de la izquierda siempre tenían su retirada a
dicho punto de la ermita de Santa Bárbara.
- En consecuencia, se ocupó la ermita del Pueyo y
la altura del Calvario, lo fue igualmente con dos regimientos, y el parque de artillería
se colocó detrás de él. También guarnecimos los olivares de la huerta. La
caballería estaba en la avenida del pueblo y camino de Zaragoza para cubrirle,
sostenida aquella por otro regimiento de infantería. La restante tropa ocupó
las alturas desde Santa Bárbara hacia el camino de Fuendetodos con relación al
terreno de la posición, de modo que en algunas partes formaba hasta tres líneas.
- Además quedaban dispuestas tres columnas de
ataque, para que en el caso de que el enemigo lo hiciera con tesón por la
izquierda, pudiéramos salirle al encuentro y obrar ofensivamente. Aun cuando
las hubiera arrollado, podíamos habernos retirado sobre el centro y flanco
derecho, no teniendo allí nada que temer sino por el frente, y haberle imposibilitado
de continuar su ataque. Finalmente, la artillería se situó de modo que
protegiera el ataque de las dichas columnas, y pudiera en caso de desgracia
retirarse hacia el mismo punto que lo debían ejecutar las tropas.
- Ya estaban estas situadas y arengadas por mí; me
dieron mil palabras de llenar sus deberes. El enemigo entretanto, después de
haberse dejado ver por las alturas de la Puebla de Albortón, desfiló sobre
nuestra izquierda, adelantándose una columna con dos piezas de artillería,
haciendo ir adelante, una gruesa guerrilla. Al replegarse la nuestra, se dejó ver sobre la altura la cabeza de su
columna, y su artillería disparó cuatro o cinco tiros.
- Al mismo tiempo se nos volaron dos o tres
granadas que inutilizaron cuatro o cinco hombres.
- Nuestra artillería siguió batiéndose con la suya,
o por mejor decir, respondió a sus disparos. Cuando de repente principió a huir
desordenadamente un regimiento, en el que dicen cayó una granada enemiga, sin hacer
fuego.
- Le siguió otro igualmente sin disparar un tiro, a
este le siguió otro, y finalmente en algunos minutos se encontró abandonada la
posición, huyendo quizá algunos cuerpos, por no poderse sostener en medio de la confusión
de los otros que se les echaban encima, y les impedían sus fuegos.
- Así nos quedamos solos los Generales y algunos
oficiales en medio de la posición, sin sernos posible reunir un cuerpo que
hiciera frente, y tuve el dolor de ver dispersarse un ejército, abandonando
todos sus efectos, tirando sus fusiles y vestuarios, de un solo cuerpo enemigo
y dos piezas de artillería.
- No podíamos ya parar hasta el abrigo de una plaza
fuerte, pues no era posible reunir doscientos hombres que hicieran frente al enemigo.
Es notorio que no les han faltado municiones ni víveres, ni que por mi parte se
ha omitido ninguna medida para proporcionarles, si no la victoria, o lo menos
el que pudieran sostener con honor la opinión de nuestras armas. Si S. M.
accede a lo que le pedí en mi representación de 18, espero hacer ver más
extensamente lo que afirmo.
- Estas dispersiones, harto comunes por desgracia
en nuestros ejércitos, no creo que sea este lugar de indicar sus causas; pero
no puedo menos de decir que pocos individuos que den mal ejemplo pueden
contribuir a desanimar un ejército sin que lo conozca un General, a cuyos oídos
es muy difícil que llegasen las conversaciones de hombres débiles, que por lo mismo
son más cautos en reservarse. Si el amor a mí Patria no sobrepujase en mí aun a
lo que dicta mi conciencia, estarla tranquilo al considerar que este mismo ejercito
confiesa que nada he omitido como General, ni como soldado para llevarlos al
camino del honor. La mentira que han esparcido, para cubrir su inaudita
cobardía, de que a los franceses les había llegado un refuerzo de quince mil hombres,
manifiesta que no pueden menos de reconocer y de confesar que han huido, sin
tener a quien echar la culpa.
- Dios guardé a V. E . muchos años. Xerta, 22 de
junio de 1809.= Excmo. Sr.= Joaquín Blake.= Excmo. Sr. D. Antonio Cornel".
(Documento 2º, hechos fechados en junio del año 1809):
- GAZETA DEL GOBIERNO (Sevilla). 3/7/1809. GACETA EXTRAORDINARIA DEL GOBIERNO, del lunes 3 de julio de 1809. (JUNTA SUPREMA).= Con tanta indignación como sentimiento ha visto la Junta Suprema esta relación verídica y lastimosa. Tenía fundadas esperanzas de que un ejército tan bien pertrechado y dirigido, restableciendo las cosas de Aragón, y acrecentado en el curso de sus victorias mismas, fuese una de las áncoras principales en que se asegurase el Estado. Un momento infeliz las ha destruido por ahora; y aunque en la lealtad y entusiasmo nacional, hallará siempre recursos para reparar esta pérdida, no se reparan del mismo modo la opinión y el honor de nuestras armas, ajados y marchitos con una dispersión tan vergonzosa como inconcebible.
- ¿ Porque, á que atribuirla ? ¿ A desconfianza en
los jefes ?; El digno General que mandaba
aquellas tropas, celebre por su bizarría, su pericia y sus talentos, les acababa
de dar una victoria y les prometía otras nuevas.
- ¿ A terror ? ¿Y de qué ? De un enemigo que habían
gloriosamente vencido poco antes. ¿ A infidencia, a traición, por ventura ?
Horror da pronunciarlo, y repugnancia creerlo. ¿ A despique, en fin, malevolencia,
o envidia? ¡ Ah infelices, Vuestra Patria peligra, y vosotros os acordaréis de
vuestras miserables rencillas y pretensiones pueriles, ¿para desampararla en el
riesgo ?; Desnudaos, pues, de ser españoles, vestíos el uniforme francés, degradaos
con su divisa, y despedazadla las entrañas.
- ¡ O vosotros, todos los que así en la buena como
en la mala fortuna os habéis mostrado dignos del gran nombre que nos distingue
y de la causa que defendemos ¡; Andaluces, que en Baylen supisteis arrollar a
vuestras plantas las águilas francesas; Gallegos, que levantasteis con tanto
arrojo el estandarte de la libertad cuando el mundo os creía sometidos sin
recursos, y que no tenéis mejor día que aquel en que veis al enemigo para
atacarle y destruirle; Asturianos, que donde quiera que combatís sostenéis vuestro
honor antiguo y venerable, Castellanos, Extremeños, que en los campos de
Cabezón, de Rioseco y de Medellín habéis forzado a la opinión a que os dé el
lauro del valor, ya que la fortuna no quiso concederos el de la victoria; Catalanes,
que a despecho de ver ocupadas vuestras fronteras y vuestras plazas de armas, n
no cesáis un momento de hostigar a vuestros alevosos opresores; Valencianos, que
defendisteis tan gloriosamente vuestros muros en la anterior campaña; valientes
Aragoneses, heroica Zaragoza; Zaragoza modelo augusto de lealtad y de constancia,
que ya tocabas el instante de ver deshechas tus cadenas y de levantar la frente
conculcada en la opresión; venid todos a ese campo de batalla; venid y juzgad a
los autores infames de la inaudita fuga.
- Decidles que el Jefe y los Generales que los mandaban,
aunque quedaron solos en el campo, quedaren escoltados de su honor, de su virtud,
y de la estimación y confianza de la Patria, que nunca han desmerecido; pero
ellos, ellos que tan vilmente los han abandonado, y tan cobardemente han huido,
sea cualquiera la causa que los precipitase, son la execración de los buenos
ciudadanos, son el oprobio del nombre español, son en fin dignos del ejemplar y
justísimo castigo que el Gobierno va a imponerles en donde quiera que los encuentre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario